Uno no puede llegar de trabajar y quejarse de las colegas, de los clientes o del jefe como cualquier otra persona normal. Generalmente, nadie sabe a lo que nos dedicamos y los que saben, poco interés muestran en que les contemos los pormenores de la chamba. Nuestras actividades siempre están camuflageadas, desde los horarios, el vestuario y maquillaje, los tacones de aguja. Todas las evidencias se quedarán en el APPM a buen cuidado de La Mami.* Nosotros pasaremos por amas de casa, o por vendedoras de Avón. El pedo es que el dinero -como el amor y el odio- raras veces se pueden ocultar. Y nunca falta la vecina envidiosa que se pregunte de dónde sacamos tanto. Inventarnos un ex-esposo con lana es un buen disfraz salvo que no tengamos hijos para justificar la pensión. Entonces hay que ser un poco más creativas e inventarnos un negocio del otro lado de la ciudad al que sólo asistimos a "cerrar". Una bodega en la Central de Abastos, o una estética, una tienda de mascotas, o hasta una cocina económica. En fin, uno puede ser lo que uno quiera, pero que sea creíble.
Este trabajo es solitario, aunque parezca que somos muy populares y que tenemos miles de amigos.
*La Mami es como la Coordinadora/Asistente de las bailarinas. Ella nos procura de todo lo que necesitamos, desde maquillaje hasta aspirinas y tampones. A veces también nos dice a qué hora tenemos qué llegar y si necesitamos trabajar en algún evento en particular. Pueden ser dos personas distintas quienes desempeñen estas tareas o puede ser una sola. Todo depende de qué tan grande sea el lugar y el número de bailarinas que en él trabajen.