Sé que esto no sólo me pasa a mí, sino a la gran mayoría de mis compañeras de profesión: vivimos una doble vida. En el día somos mujeres "normales" de gustos normales y apariencias "normales". Buscamos pasar prácticamente desapercibidas o al menos, llamar la atención lo menos posible. Es parte del instinto de conservación. Pocas de nosotras revelamos nuestra profesión a nuestros amigos, y aún más pocas a nuestros familiares cercanos.
Y bueno, cuando estas personas cercanas se enteran, y lo asimilan, pueden llegar a comprenderlo pero muchos pueden también usarlo en nuestra contra si es que se llegan a enojar con nosotras. Todos algunas vez discutimos o entramos en desacuerdo con alguien, no? Imagínense, vivir con el miedo de que alguien que sepa nuestro secreto lo divulgue a los cuatro vientos sólo porque "estaba enojad@". En fin, las consecuencias pueden ser catastróficas. Por eso es que nos inventamos cualquier otro tipo de trabajo, en cualquier otro tipo de sector y somos lo más discretas que podemos en cuanto al maquillaje y al vestuario.
Por ejemplo, tengo una compañera que "trabaja en una funeraria" en el turno de la noche porque le pagan más. Así que siempre sale de su casa con el cabello recogido, nulo maquillaje y ropa sobria. Llegando al APPM se suelta el cabello, se perfuma y se maquilla con los productos que la casa nos proporciona. El vestuario siempre lo deja en el locker o se lo da a lavar a alguna de las "mamis" y antes de irse toma una ducha completa, se seca el cabello y se asegura de que no hay rastro alguno de brillitos, pestañas postizas u olor a cigarrillo.
Otra, es "enfermera particular especializada en viejitos". En realidad durante un tiempo sí fue enfermera por lo que conserva el uniforme y es capaz de inyectar, tomar el pulso y esas cosas que las enfermeras hacen. Por lo que siempre llega vestida de blanco y con maquillaje normal, sin exageraciones. Igual, deja el vestuario y los zapatos y demás pertenencias en el locker. Y procura echarse spray anti-olores en el cabello (de esos que eliminan el olor a tabaco) antes de irse.
Luego, otra "trabaja en el aeropuerto" como asistente de limpieza en el turno de la tarde-noche por lo que tiene hasta un overol con el logo de una empresa de servicio y ella no tiene que justificar el olor a cigarrillo. Aunque a veces lo que se inventa son tandas recibidas para justificar la cantidad de efectivo con la que llega a casa.
En fin, así miles de historias. Yo, afortunadamente no tengo que justificarme con mi familia. Hace mucho que no tengo contacto con ellos por lo que saben que trabajo como Asistente de Relaciones Públicas de un restaurante. Y punto.
La bronca a la que todas nos enfrentamos es a ser descubiertas por azahares del destino por algún conocido que pueda ir a abrir la boca. Pocos entienden que éste es un trabajo como cualquier otro y muchos creen que pueden discriminarnos, subestimarnos o humillarnos a placer sólo por el hecho de quitarnos la ropa para ganarnos la vida.
Y bueno, cuando estas personas cercanas se enteran, y lo asimilan, pueden llegar a comprenderlo pero muchos pueden también usarlo en nuestra contra si es que se llegan a enojar con nosotras. Todos algunas vez discutimos o entramos en desacuerdo con alguien, no? Imagínense, vivir con el miedo de que alguien que sepa nuestro secreto lo divulgue a los cuatro vientos sólo porque "estaba enojad@". En fin, las consecuencias pueden ser catastróficas. Por eso es que nos inventamos cualquier otro tipo de trabajo, en cualquier otro tipo de sector y somos lo más discretas que podemos en cuanto al maquillaje y al vestuario.
Por ejemplo, tengo una compañera que "trabaja en una funeraria" en el turno de la noche porque le pagan más. Así que siempre sale de su casa con el cabello recogido, nulo maquillaje y ropa sobria. Llegando al APPM se suelta el cabello, se perfuma y se maquilla con los productos que la casa nos proporciona. El vestuario siempre lo deja en el locker o se lo da a lavar a alguna de las "mamis" y antes de irse toma una ducha completa, se seca el cabello y se asegura de que no hay rastro alguno de brillitos, pestañas postizas u olor a cigarrillo.
Otra, es "enfermera particular especializada en viejitos". En realidad durante un tiempo sí fue enfermera por lo que conserva el uniforme y es capaz de inyectar, tomar el pulso y esas cosas que las enfermeras hacen. Por lo que siempre llega vestida de blanco y con maquillaje normal, sin exageraciones. Igual, deja el vestuario y los zapatos y demás pertenencias en el locker. Y procura echarse spray anti-olores en el cabello (de esos que eliminan el olor a tabaco) antes de irse.
Luego, otra "trabaja en el aeropuerto" como asistente de limpieza en el turno de la tarde-noche por lo que tiene hasta un overol con el logo de una empresa de servicio y ella no tiene que justificar el olor a cigarrillo. Aunque a veces lo que se inventa son tandas recibidas para justificar la cantidad de efectivo con la que llega a casa.
En fin, así miles de historias. Yo, afortunadamente no tengo que justificarme con mi familia. Hace mucho que no tengo contacto con ellos por lo que saben que trabajo como Asistente de Relaciones Públicas de un restaurante. Y punto.
La bronca a la que todas nos enfrentamos es a ser descubiertas por azahares del destino por algún conocido que pueda ir a abrir la boca. Pocos entienden que éste es un trabajo como cualquier otro y muchos creen que pueden discriminarnos, subestimarnos o humillarnos a placer sólo por el hecho de quitarnos la ropa para ganarnos la vida.