Llegué al Antro de Perdición y Placeres Mundanos (APPM) por meritita casualidad y sin embargo, de una manera muy convencional: un anuncio en el periódico. Así es, nunca pensé que así comenzaría el Proceso de reclutamiento, pero fue así. Mi situación en ese entonces estaba muy peliaguda. Había perdido mi trabajo de oficina, tenía poca experiencia y cero varo. La renta estaba por vencerse, mi refri se estaba vaciando y mi mamá estaba en el horpital. Valemadres.
Así que después de leer el anuncio, y pensando que ya no me recibirían (eran casi las 8 de la noche), me dirigí a Zona Rosa. Llegué al lugar, pedí hablar con la Lic. de Tal y dije que no tenía cita. Enlamadre, pensé. Igual y nomás gasté en el taxi a lo güey. Supuse que me harían alguna prueba de "talento" o que me pedirían "mostrar" mis cualidades. Pero por increíble que parezca, le dije a la amable licenciada que no tenía experiencia, que sólo me urgía el trabajo y ya. Empecé al otro día en la sucursal del sur pero no me gustó porque estaba "re-lejos" así que pedí mi cambio a una más cercana a mi casa y me lo dieron.
No había nada complicado, sólo bailar y quitarse la ropa poco a poco en el tercer número (siento desanimarlos pero no hay tubo en el APPM). Treparme al escenario la primera vez me provocó nervios incontenibles, la eterna sensación de estar a punto de hacerme pipí y temblor en las manos. Todo eso se acabó en cuanto pisé el primer escalón que he subido todos los días desde entonces y mientras la entrada de mi canción favorita llena el salón. Las luces me ayudan a no ver las caras de mis adorados clientes y sus miradas libidinosas. Yeah, baby!! Me siento como la Princesa Adora cuando se transformaba.
