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lunes, 13 de septiembre de 2010

tampoco andaba de parranda (esta vez)

La semana pasada recibí una noticia muy triste. Alguien cercano a mí y a mis seres queridos acaba de ser diagnosticado con cáncer en la piel. Un cáncer agresivo y difícil de tratar por lo que la esperanza de vida de esta persona es corta.

Algunos de ustedes ya lo saben y otros seguro lo imaginan, pero esta bailarina es el principal soporte de una familia. No tengo marido ni hijos, pero yo a mi vez soy hija y hermana por lo que me ha tocado una vez más, ser yo la que hace fuerte a los demás, la que va y viene, la que lleva y trae, la que escucha y ayuda en lo que puede cuando puede.

En este caso mi ayuda fue necesitada la semana pasada cuando la hice de chofer, de escucha, de guía, de hombro para llorar, de corre-ve-y-dile, de realizadora de trámites e intérprete frente a doctores, recepcionistas, laboratoristas y burócratas. Fui necesitada por parte de mi familia en estos momentos donde uno no puede hacer más que "apersonarse" y esquivar, desviar y aguantar los madrazos.

Así que disculpen las molestias que mi agitada vida les ocasiona. La ausencia de posts tampoco me agrada pero a veces uno aunque encuentre las palabras, no encuentra el momento para decirlas.

Por cierto, gracias al personal del Hospital en Eje 6 que se portaron muy atentos, no conmigo, pero sí con mis seres amados. Eso se aprecia aún más.


Gracias a mis pupilos y pupilas que están al pie del cañón y que no dejan de visitar este blog.

Sinceramente,

Xinnah.

lunes, 12 de julio de 2010

Confesiones de una teibolera (Vol. IV)

Yo sabía que esa relación ya no daba para más. Que los mejores tiempos ya habían pasado y que nada de lo que él dijera o hiciera me convencerían de seguir con él.

El problema es que él tenía una opinión distinta.

Empezó a hostigarme. Porqué se ponen de tercos? Porqué se aferran cuando uno ya los mandó a la chingada? Porqué creen que un NO es un "sígueme rogando que igual y me convences"? Putamadre! Con lo que me caga que me rueguen.

El señor en cuestión se dedicó a vigilarme. Literal. Dejé de contestarle las llamadas y desconecté el timbre de mi casa. Ah, pues él se hizo amigo del conserje, del viene-viene de la esquina, de la señora de la lavandería, del que me vendía los cigarros, etc.

En el trabajo no había salida. No podía hacer que le negaran la entrada y lo tenía ahí todos los putos días y cuando el cover del AVPM empezó a sangrar su bolsillo, él se hizo amigo de uno de los del Valet Parking para que "le echara aguas" cuando yo llegaba o cuando me iba y estoy segura que se la vivía afuera del antro dándole propinas al personal para que fueran sus ojos dentro del lugar. Me espiaba, me perseguía y yo no me sentía segura ni en propia casa.

Cambié mi teléfono fijo, número de celular y chapas de todas mis puertas. Pero él no se rendía: me enviaba al trabajo cartas, flores, chocolates, osos de peluche, cd's románticos, etc. Cuando eso no funcionó empezó a enviarme bolsas carísimas, zapatos, perfumes y joyas. Seguro pensó que podía comprarme. Iluso. Como tampoco funcionó empezó a llamar a mis amigas, amigos, familiares.

Ahí es cuando casi lo mato. No me gusta que se metan con mi familia y no sé de dónde carajos consiguió el número de la persona más cercana a mí. Cuando esa persona me llamó para contarme lo desesperado que Él estaba y que por favor, permitiera que hablara conmigo o quién-sabe-de-qué-podía-ser-capaz supe que tenía que hacer algo para que de una vez por todas le cayera el veinte de que no había vuelta de hoja.

(Me cagan los chantajitos baratos de "si me dejas me mato". Yo pensaba "pues ya güey! mátate, se te hace tarde". Pero Dios no concede caprichos ni endereza jorobados.)

Algunos de mis adorados de seguridad se ofrecieron a hablar con él para pedirle que me dejara en paz. Uno de mis clientes VIP me dijo que con una palabra mía y él amanecía encuerado enmedio de La Marquesa y con una madrina marca Acme. Una de mis compañeras me dijo que tenía a su Bruja de confianza que podía darme unos polvos para alejar a las personas indeseadas y que de paso, me protegiera del "mal de ojo" que de seguro este infeliz ya me había echado.

No quise tomar medidas tan extremas pero sí hice algo que le envió un mensaje más que claro: Empecé a salir con otro. Dicen que para que un clavo saque a otro clavo el primero tiene que ser más grande, no?

Esta tampoco fue la decisión más sabia ni tampoco la más prudente, pero para situaciones desesperadas soluciones desesperadas. Claro, no entendió de la noche a la mañana pero después de un par de meses creo que se hizo a la idea de que esta muñeca se había cambiado de aparador.

De ahí prometí que nunca más andaría con un casado por muy honesto -guapo y generoso- que fuera.

Y a pesar de querer portarme bien, de la movida con "el otro clavo" tampoco salí ilesa... ups! Pero eso se los cuento luego.

lunes, 5 de julio de 2010

Confesiones de una teibolera (Vol. III)

Como no hay mal que dure cien años ni pendeja que lo aguante, mi oportunidad de escapar me la proporcionó él solito.

Cualquiera que nos hubiera visto habría pensado que éramos una pareja "normal". Una chica normal con un novio normal que disfrutan juntos de sus días normales. Una parejita de novios cualquiera, vaya! Ese día, habíamos terminado de comer, yo estaba lavando los trastes y él me ayudaba a recoger la mesa cuando, utilizando el tono más casual que podría haber usado nunca, me dijo que tenía que irse porque alguien de su familia estaba en el hospital.

Me alarmé un poco porque claro, pensé que tal vez sería la mamá o qué sé yo. Nunca me imaginé que me diría que era la esposa que estaba pariendo a su tercer hijo! Y no es que yo hubiera olvidado el detalle de su existencia. Era simplemente que dentro de mi cómoda vida esa presencia no tenía cabida. Resultaba más fácil pretender que no existía, depositarla en el último rincón de mi mente y así olvidarme que él era un hombre ajeno.

Supongo que esa comodidad él la traducía como aceptación y no lo culpo. De hecho, nunca le hice una escenita ni le eché siquiera una indirecta. Nunca le dije "claro, te vas para estar con ella" o esos clichés baratos de telenovela. Yo sabía muy bien mi lugar y por lo mismo me callaba la boca. Ahora pienso que le hacía la vida demasiado fácil.

Exceptuando la parte de mi trabajo, claro está. Debo reconocer que él nunca mencionó nada al respecto. Tampoco nunca me interrogó acerca de lo que pasaba cada noche en los privados.

Era una especie de acuerdo mutuo, supongo. A sus ojos yo también era una mujer ajena. Y no de uno sólo, sino de muchos. Si él encontraba algo de consuelo en eso nunca lo supe. Pero de que encontraba justificación para su comportamiento, me queda clarísimo.

Yo no esperaba una respuesta directa. No la vi venir, ni la escuché llegar. Un bebé recién nacido!! Ahora esa rival fantasma cobraba vida, cara y olor. Olor a bebé. No sé exactamente cómo sucedió pero en ese instante me cayó el veinte. Si eso es lo que ven los que están a punto de morir es una sensación de la chingada. Vi al bebé que no conocía, llorando a lado de su madre que no sabía dónde rejijosdelagranputa estaba el padre de su hijo mientras ella lo paría.

Pero y dónde chingados estaba yo y qué diablos estaba haciendo? Qué buscaba? Qué perseguía? A dónde llegaría? Si ustedes piensan que las teiboleras somos unas hijasdeputa tienen todo el derecho de pensarlo, afirmarlo y sostenerlo (sin albur). Pero que conste que sí tenemos consciencia aunque tratemos de no utilizarla mucho. Yo no sería quien le quitara a ese niño (fue varón y él no cabía de tanto orgullo) a su padre.

Una cosa era "pelear" con una igual por un cabrón, y otra muy diferente ser la villana del cuento que le arrebata a un inocente a su padre. Lo imaginé de nuevo llorando, indefenso, envuelto en una cobijita en su cunita mientras yo, me cogía a su padre atado a los postes de la cama y sobre sábanas rojas.

O sea sí qué rico pero ni madres. No quería cargar también con la infelicidad de un chamaco en mi consciencia (que es muy chiquita para semejante bulto). Ese día las cosas no terminaron bien. Le pedí que se fuera y que no volviera pero él no se movió de ahí. Cuando intentó abrazarme lo empujé y le grité. Mis venas hervían de coraje, de miedo, de darme cuenta que estaba cometiendo la mayor estupidez de mi vida y que no iba a obtener nada bueno de eso. Creo que los gritos los escucharon todos los del edificio pero en ese momento no importaba.

Lo saqué a empujones e insultos. Quería estar sola y él no se largaba. Le aventé un cenicero, un adornito de mesa y no recuerdo ya qué más. Me temblaban las manos y si no se hubiera ido a tiempo no sé qué habría pasado.

Me quedé trabada del coraje y más coraje me daba sentir las lágrimas que se me escurrían por el rostro. Fui a la cama, la deshice, golpeé el colchón que compartimos tantas veces, desgarré la almohada que tenía su olor y grité tanto que me dolió la garganta. No supe a qué hora me quedé dormida.

lunes, 28 de junio de 2010

Confesiones de una teibolera (Vol. II)


Esta historia y sus personajes NO son ficticios. Cualquier parecido con la realidad NO es ninguna coincidencia; así que con cuidado que ya sé quién eres y a qué te dedicas y en cualquier momento se entera tu vieja.




Así empezó una relación en la que según yo, no tenía nada qué perder. En muchas ocasiones, salí con güeyes (sí, güe-yes) con los que sólo buscaba pasar un rato agradable. Y claro, ellos buscaban exactamente lo mismo por lo que nunca había salido lastimada (ellos, sólo a veces). El pedo es que en esta ocasión el tipo me gustaba mucho, se dio cuenta y de ahí empezó a tomarme la medida.

Su manera de arreglarse era impecable. El cabello no se le movía, siempre andaba bien rasurado, con corbatita y camisa y siempre oliendo delicioso. Me trataba como a una princesa, me llevaba a comer no a los más elegantes restaurantes pero sí a donde todo lo que me servían era riquísimo. Me hacía regalitos grandes y pequeñitos, me llegaba de la nada con un ramo de flores y era muy, muy espléndido.

Las tareas domésticas era algo por lo que yo dejé de preocuparme porque él se encargaba de que alguien limpiara mi depa, lavara mi ropa y llenara mi despensa. Yo no tenía que preocuparme por nada. Él siempre estaba al pendiente de mí. Me llamaba por lo menos cada hora y si por alguna razón no podía hacerlo, yo recibía al menos un mensaje de texto para que supiera que él estaba pensando en mí.

Qué más podía pedir?

Los fines de semana eran otra cosa. Generalmente, nos veíamos el sábado un ratito nomás ya que el domingo pues "era familiar". Así que esos domingos yo aprovechaba para salir con mis amigas o de plano echar la hueva frente al televisor todo el día.

Sin notarlo, él se fue haciendo parte de cada una de mis actividades. Me levantaba con una de sus llamadas, comíamos juntos siempre e incluso hasta me llevaba al AVPM.

Llegó el momento en que yo ya no trabajaba cómoda. Uy, Segundo error! Ya no me daban ganas de ir al AVPM y cuando iba estaba todo el tiempo al pendiente del celular. Ya no podía bailar como antes de conocerlo, ni comportarme como si nada ante mis clientes. Mis ingresos empezaron a bajar considerablemente y obvio, fue él el que se ofreció rescatarme.

Así que ahora también pagaba mis cuentas. En estos momentos yo dependía de él en todos los sentidos pero estaba contenta como foca: con el agua hasta el cuello y todavía aplaudiendo.

Pasaron no sé ya cuántos meses en los que yo vivía en una jaula de oro sin darme cuenta. Era "feliz" aunque no tenía libertad ni la extrañaba. Mis amigas dejaron de frecuentarme, mis amigos dejaron de llamarme y yo no quería ni tenía a qué salir, ya que tenía todo lo que me hiciera falta en casa. Claro, excepto a él pero era un precio que se me hacía poco a cambio de la "estabilidad" que yo con tanta ansia estaba buscando.

Continuará...

viernes, 25 de junio de 2010

Confesiones de una teibolera (Vol. I)

Sé que las teiboleras tenemos fama de ser unas cabronas. Y la neta es que sí lo somos. Nos gusta la imagen de autosuficientes, independientes y jijasdelatiznada que vamos forjando a nuestro paso al romper los corazones de nuestros pobrecitos Clientes.

Pero para confort suyo, déjenme les digo que no siempre es así. También los clientitos tienen lo suyito. Les voy a contar una pequeña historia.

Resulta que hace ya un par de años, en una de esas noches que una va a trabajar más por costumbre que por meras ganas, en las que el salón del AVPM estaba semivacío y apenas un par de mesas ocupadas, estaba yo rascándome las... bueno! digamos que estaba yo pensando en la inmortalidad del cangrejo cuando un meserito se me acercó y me tomó de la mano.

Yo pensé que de repente se había tomado demasiada confianza pero no. Es como normal en el AVPM que cuando un cliente te solicita, el mandadero en cuestión (puede ser el Capi, el Gerente, alguno de seguridad o como en este caso, el mesero) te toma de la mano y te lleva a la mesa donde reclaman tu candorosa presencia.

Cuando llegué no podía creer mi suerte. El hombre más guapo que yo había visto en mi vida -ever- estaba ahí sentadito esperando por mí (y no, no era Gerard Butler). Con una gran sonrisa y unos ojos hermosos me recibió, me invitó una copa y me pidió que lo acompañara a comer. Todo un caballero, carajo!!! Así justo me lo había recetado mi psicóloga.

Total que pues no me hice del rogar ni siquiera cuando vi el signo inequívoco de que ya tenía dueña. Una enooorme sortija de matrimonio adornaba su dedo anular izquierdo. Pero pues ni pedo. Uno no elige a sus clientes (bueno, no siempre). Y pues fue directo al grano. Le gusté y quería "conocerme" más y claro, no iba a ocultarme que era un hombre con compromisos porque pues él creía ante todo en la honestidad como la base de cualquier relación. Tanto en las de placer como en las de negocios.

Yo, he de reconocer que se la compré completita. Con la química que me producía no podía preveer que "conocer" más a fondo a este hombre casado me traería problemas a la larga. Pero cuándo uno está deslumbrado pues qué va a andar poniendo la ardilla a girar. O no?

En fin que acepté aquéllo del "conocimiento mutuo" y empecé a salir con él regularmente. Ups! Primer error.

La primera cita afuera del bar fue un inocente desayuno. Bueno, almuerzo tardío porque a la hora del desayuno pues yo nunca estoy despierta.

Y el lunes les cuento lo que pasó después.
Que tengan un buen fin de semana y ojalá que el Messi se rompa una pata.
Oremos por eso.